El término salud mental ha estado marginado durante muchos años y relegado solo a personas con serios trastornos mentales. Los términos «loco», «loquero», entre otros, han estigmatizado a este mal que azota a gran parte de las sociedades avanzadas. Tener problemas de salud mental no implica estar loco.

De hecho, el ritmo de vida actual tan estresante, los problemas laborales, económicos y de otro tipo, tenerlo todo y sentirse desafortunado, no saber encajar la crítica, o el uso abusivo de las nuevas tecnologías, están generando verdaderos estragos en la salud de todos aquellos que se consideran sanos mentalmente.

Las fobias se han disparado, y la depresión, el estrés o la ansiedad se han transformado en los trastornos más frecuentes entre la población del primer mundo. Las estadísticas actuales son alarmantes, estimando que existen unos 300 millones de personas que sufren depresión de algún tipo en todo el mundo. Eso representa más de un 5% de la población mundial… pero lejos de reducirse se está disparando.

No debes menospreciar este tipo de trastornos. El estrés y la ansiedad pueden generar otro tipo de daños a nivel físico en tu cuerpo, perjudicando al a larga tu salud. Por ejemplo, podría empeorar ciertas enfermedades cardiovasculares, sufrir alteraciones en el sueño, problemas hormonales, reducir la efectividad del sistema inmunológico, etc., con lo que eso conlleva.

Además, la depresión, aunque parezca algo menos grave que otras enfermedades, es un trastorno que mata. Un 27% de los suicidios que se producen se debe a casos severos de depresión. Por lo que no hay que tomárselo a broma, se necesita que tome la atención que merece y encontrar ese equilibrio que con esta guía podrás comenzar a sentir más cerca…

¿Qué es la salud mental?

Salud mental

La salud mental no es solo es la ausencia de enfermedades como la esquizofrenia, bipolaridad, etc. Tener salud mental también implica estar libre de trastornos mentales como la ansiedad, la depresión, los miedos, fobias, traumas, etc.

Además, la salud mental es parte también de la salud integral. No hay salud sin salud mental. Y eso es algo que saben desde tiempos inmemoriales, pero que ahora parece que se ha olvidado por ese estigma al que me refería al comienzo. Ya lo decía la expresión latina atribuida a Sátiras de Juvanal: «Mens sāna in corpore sānō» (Mente sana en cuerpo sano).

En definitiva, tener una buena salud mental implica poder llevar una vida lo más normal:

  • Ser capaz de mantener relaciones personales o familiares con normalidad.
  • Desenvolverse en entornos sociales.
  • Desempeñar un buen trabajo o rendimiento académico.
  • Dependencias o adicciones de cualquier tipo de droga.
  • No estar limitado en otras cuestiones por algún tipo de bloqueo, etc. Por ejemplo, poder conducir el coche sin miedo, algo que algunos que han sufrido fuertes accidentes de tráfico no pueden por miedo a que vuelva a ocurrir…

Evidentemente, incluso los psiquiatras y psicólogos necesitan de ayuda en algún momento por problemas de salud mental de algún tipo. Nadie está libre de ello, y todas las personas suelen tener algo, aunque sea oculto y no les limite severamente su vida. Por ejemplo, quién no tiene fobia a las arañas, o a los roedores, o claustrofobia (espacios cerrados), acrofobia (miedo a las alturas), etc.

Enfermedad mental vs trastorno mental

hemisferios del cerebro: trastornos vs enfermedades mentales

Debes tener claro el concepto de enfermedad mental y el de trastorno mental, ya que no son lo mismo:

  • Enfermedad mental: es una patología que afecta a alguna parte del cuerpo, órgano o sistema. Puede ser de diversa naturaleza, como por infecciones, genética, deterioro, etc. Las enfermedades tienen una serie de síntomas que las identifican. Por ejemplo el Alzheimer o demencia senil, esquizofrenia paranoide, bipolaridad, etc.
  • Trastorno mental: es una alteración que afecta a la mente, siendo un término más amplio o genérico que el de enfermedad. Se usa para hacer referencia a un deterioro de la salud con independencia de la causa. Además, en algunos casos el propio paciente ni siquiera será consciente de que padece un trastorno y no modifica su vida en gran medida. Por ejemplo, tener ciertos problemas afectivos, motivacionales, depresión, discapacidad social, etc.

A pesar de eso, en algunos contextos clínicos se entienden a los trastornos también como enfermedades. Por tanto, la diferencia se diluye entre ambos conceptos. Pero el trastorno no es algo fijo como la enfermedad, sino que es susceptible a cambios.

No debes confundir la necesidad de tratamiento farmacológico con una enfermedad, ya que algunos trastornos también la necesitan, como la depresión profunda. Por tanto, no es un factor diferencial. Pero bien es cierto que muchos trastornos se pueden corregir simplemente con autoayuda, con tratamientos a distancia no farmacológicos, cambios en la conducta, técnicas de PNL, psicología o coaching, etc.

Otro factor diferencial puede ser que los trastornos se adquieren a lo largo de la vida por diferentes causas, mientras que la enfermedad suele darse en la infancia y se suele agravar con el tiempo. Eso lleva a que muchas personas con enfermedad mental tampoco pueden llevar una vida normal sin ayuda.

¿Cómo me puede perjudicar no tener salud mental?

salud cuerpo-mente

La salud mental no solo se queda a ese nivel, también afecta a lo físico como he citado antes. Por eso, es importante tener una buena salud mental para tener una buena salud física y viceversa. No se pueden separar la una de la otra.

Algunos trastornos llegan incluso a somatizarse en alguna parte del cuerpo físico, generando verdaderos problemas. Por ejemplo, un embarazo psicológico genera una respuesta orgánica, con una alteración hormonal igual que si estuviera embarazada, pero siendo un estado de embarazo irreal. Otros puede que ante ciertos estados de estrés social, o situaciones, se bloqueen físicamente, padezcan problemas gástricos, etc.

El control de la mente sobre el cuerpo es tal, que si se pudiera usar a la inversa se podrían crear cosas realmente increíbles. De hecho, hay casos realmente asombrosos que parecen paranormales cuando se estudia a los pacientes que tienen trastornos de personalidad múltiple. Casos en los que una persona se volvía ciega con una personalidad y podía ver perfectamente con otra de sus personalidades. O una personalidad tenía capacidades o habilidades de la que otra personalidad carecía. E incluso personalidades que creen padecer diabetes o colesterol y producen cambios químicos en el cuerpo para adaptarse a ello cuando están en esa personalidad.

Aunque parezca raro, piensa que cuando te enfadas tu ritmo cardíaco se acelera, tu presión arterial sube, tu cuerpo se tensa. Solo una simple emoción desencadena cambios físicos reales y muy evidentes…

Por eso, los problemas de salud mental sin tratar y mantenidos durante el tiempo podría producirte otros problemas de salud. Por ejemplo, dos casos muy comunes entre la gente:

  • Depresión: estudios estiman que los depresivos tienen mayor riesgo a padecer enfermedades cardiovasculares, diabetes, derrames cerebrales, enfermedad de Alzheimer, e incluso osteoporosis, entre otras.
  • Estrés y ansiedad: a la larga podría generar problemas como mayor presión arterial, insuficiencia cardíaca, diabetes, obesidad, depresión, problemas en la piel (eczema, acné,…), alteraciones menstruales, diarrea o estreñimiento, mala memoria, dolores de cabeza, falta de energía, déficit de concentración, rigidez en cuello y mandíbula, bruxismo, alteraciones del sueño (sueño de mala calidad, insomnio,…), malestar digestivo, cambios en el peso, etc.

Identificar los problemas

superar problemas

Realmente es complicado comprender si una persona tiene algún tipo de afección mental o no. Todas las personas tienen momentos de nerviosismo puntuales, todas pueden tener momentos de tristeza, etc. Eso es totalmente normal y no implica tener ningún tipo de problema.

En cambio, si ese nerviosismo se transforma en ansiedad fóbica, o esa tristeza se mantiene en el tiempo y se transforma en depresión, entonces sí que es un motivo para alarmarte y que debas comenzar a poner medidas para paliarlo cuanto antes. No obstante, no debes preocuparte, se puede superar, incluso de los trastornos más severos se puede salir.

Para evaluar si tienes algún tipo de problema, te podrías hacer las siguientes preguntas:

  • ¿He experimentado un cambio de pensamientos últimamente?
  • ¿He cambiado mi conducta?
  • ¿Mi estado de ánimo está interfiriendo en algún aspecto de mi vida?
  • ¿He dejado de hacer cosas por miedo?

En caso de que la respuesta sea sí en alguna o varias de esas preguntas y que ese estado alterado se haya mantenido por 2 semanas o más, entonces es posible que padezcas algún tipo de afección: estrés, ansiedad, depresión,…

Estos problemas pueden llevar a tener algunos síntomas muy evidentes como:

  • Nerviosismo extremo.
  • Sentimientos de desesperanza, desánimo o tristeza.
  • Abuso de alcohol, tabaco y otras drogas (incluso medicamentos).
  • Aislamiento social o, por el contrario, necesidad anormal de no estar solo.
  • Cambios de humor fuertes (altibajos).
  • Confusión o falta de concentración.
  • Preocupaciones o miedos excesivos.
  • Sentimientos de culpa.
  • Desconexión de la realidad.
  • Cansancio, baja energía o problemas de sueño.
  • Incapacidad para afrontar problemas.
  • Cambios en los hábitos alimenticios o en el apetito sexual.
  • Pensamientos suicidas.

Autoayuda

autoayuda, libros

La autoayuda es un concepto bastante amplio y que a veces puede resultar controvertido o generar confusión. Algunos cuestionan su eficacia y otros lo consideran un método paliativo complementario a la ayuda profesional.

El término hace referencia a ayudarse a sí mismo, por lo que no siempre es efectivo para todos los tipos de trastorno. Algunos estados han sido «creados» por la propia persona para evitar algo y por ello, esa persona no se puede ayudar a sí misma.

Por ejemplo, imagina que un adolescente no quiere ir al centro de estudios porque sufre acoso escolar y su mente ha «creado» un trastorno que se somatiza con problemas gástricos. Ese adolescente por nada del mundo quiere volver a ese entro, por tanto, no podrá ayudarse a sí mismo, ya que renegará de volver y buscará mil excusas para no hacerlo.

Por tanto, la autoayuda puede ser un buen soporte para las personas que quieren realmente salir de alguna situación en la que no se encuentren cómodos. O puede servir como complemento a las terapias de los profesionales (psicólogos, psiquiatras, etc.).

Para poder practicar la autoayuda se necesita adquirir las herramientas para el desarrollo personal. Eso pasa por aprender de blogs de psicología, adquirir algunos libros de autoayuda, vídeos, conferencias, seminarios, etc.

Y cuidado con los happiness sellers, o los supuestos métodos milagrosos, o los gurús…, en muchos casos solo son charlatanes que buscan dinero y nada más. Comprueba las fuentes y que los autores tienen realmente conocimientos sobre la materia. Evita esos métodos que dicen ser «método definitivo», «lo que no te cuentan», «sanación infalible», «fórmula de la felicidad», y cosas así que no esconden más que marketing detrás.

Autoanalizarse, conocer bien lo que te ocurre, y practicar procesos de autoayuda puede ser efectivo en algunos casos como:

  • Mejorar estados de estrés, ansiedad o depresión leve.
  • Mejorar la autoestima.
  • Conseguir algunos objetivos marcados.
  • etc

Pero para poder llegar a esa mejora, se necesita pasar por los siguientes puntos en el camino del proceso:

  • Marcar objetivos medibles.
  • Analizar el entorno y las condiciones personales.
  • Conseguir documentación de autoayuda que te puedan ayudar. No valen todos, existen muchas herramientas para la autoayuda y no todas sirven para todos los casos o son igual de efectivas.
  • Crear un plan de acción:
    • Primero determinar el origen del problema.
    • Saber gestionar tus emociones.
    • Desarrollar habilidades.
    • Depurar las ideas negativas.
    • Mejorar la autoestima.
    • Buscar vías de desahogo o consuelo.
  • Ponerse en marcha de forma constante y decidida.
  • Autoevaluación constante del progreso.

Y como consejo personal, agrego que ayudar a los demás puede ser una buena terapia sanadora para ti mismo. Cuando lo haces, te sientes muy realizado, por un momento olvidas tus problemas para centrarte en los de esa persona a la que ayudas, y eso puede tener efectos realmente sorprendentes…

Técnicas realmente efectivas

técnicas de autoayuda

Existen algunas técnicas realmente efectivas y comprobadas por expertos. Con ellas tendrás las primeras herramientas para el cambio. Esas técnicas son muy sencillas y que cualquiera puede realizar. Por tanto, no tienes excusa…

Las técnicas que te pueden ayudar son:

  • Hacer ejercicio físico diario. Es realmente importante para sentirse bien mentalmente. De cualquier tipo, el que más te guste, desde caminar, pasando por artes marciales, natación, culturismo, etc.
  • Dieta adecuada. La alimentación sana que te aporte los minerales y vitaminas adecuados te ayudará a nivel químico en cuanto al estado mental. Deberías aumentar el consumo de alimentos con omega-3 (DHA-EPA), vitamina B6, vitamina C, ácido fólico (vitamina B9), zinc, y magnesio. Los mayores enemigos son el azúcar, las grasas, productos ultra-procesados (comida basura, bollería industrial,…), y una mala hidratación.
  • Técnicas de relajación: puede ser Yoga, meditación, respiración consciente, imaginación positiva, sesiones de relajación, etc.
  • Distracción y buen humor. Puedes usar vídeos graciosos para practicar la risoterapia, o distraerte haciendo algún tipo de actividad o manualidad que te guste. Así restaras la cantidad de pensamientos negativos. Debes evitar por todos los medios que los pensamientos negativos se apoderen de ti… Cuando eso ocurra, haz algo para romper el ciclo. También te pueden ayudar las técnicas de PNL (Programación NeuroLinguística).
  • Exposición. Si tienes un miedo o fobia, no servirá evitarlo. Todo lo contrario, debes exponerte a él poco a poco hasta superarlo.

Y sobre todo, resiliencia y esperanza. ¡Se solucionará!

¿Cuándo se necesita evaluación y ayuda externa?

ayuda psicológica

No siempre la autoayuda basta. Por ejemplo, existen trastornos mentales severos, crisis emocionales, depresiones profundas, dilemas existenciales, traumas, adicciones, etc., donde se necesitará también ayuda de profesionales.

Debes estar alerta a la lista de síntomas de la lista del Identificar los Problemas, cualquiera de ellos te debería alertar. Todos asumen que cuando algo va mal en su cuerpo o les duele algo se necesita acudir a un médico, en cambio, con la salud mental no suele ser así.

Pero cuando algo ocurre no debes atender a ese estigma que cité anteriormente o sentir vergüenza. Nadie se avergüenza de decir que está tomando un analgésico porque tiene un dolor en la rodilla. ¿por qué te deberías avergonzar de tener algún trastorno mental?

Cuando estás sintiendo alguno de esos síntomas y te persiguen durante tiempo, no debes pensar que se va a solucionar solo. Debes pedir ayuda a un experto. Ya sea un psicólogo (presencial o telemáticamente), acudir a un psiquiatra, coach, etc.

¿A quién acudo?

Médico psiquiatra, psicólogo

Otro de los dilemas es a dónde acudir: psicólogo o psiquiatra. Bien, ambos te van a ayudar con los trastornos de salud mental. Pero uno lo hace desde diferentes terapias, mientras que el otro lo hace a través de psicofármacos. En muchos casos pueden ser complementarios, y ayudarte a salir del problema mucho antes si cuentas con la ayuda de ambos. No son incompatibles.

Pero para salir de dudas, puedes tomar estas referencias para saber a quién dirigirte primero:

  • Casos para un psicólogo: duelo por alguna muerte de un ser querido, estrés y ansiedad, depresión leve, fobias, problemas familiares, acoso laboral o escolar, hábitos poco saludables, trastornos de alimentación, problemas del sueño leves,
  • Casos para un psiquiatra: depresiones severas que no tienen mejoría con ayuda psicológica, enfermedades mentales (trastorno bipolar, esquizofrenia, estrés postraumático,…), etc.

Además, debes saber que actualmente hay otras técnicas y profesionales modernos que te pueden ayudar. Por ejemplo, ha surgido la figura del coach. Puede servir como complemento o sustituto de un psicólogo. Aunque el psicólogo se centra en la base de la patología y el coach pone el objetivo en el aprendizaje…

Conseguir el equilibrio

Para conseguir la ansiada salud mental, ese equilibrio que tanto bien nos hace, se debe saber primero identificar las debilidades y las fortalezas. Es decir, los obstáculos que te encuentras en el camino hacia el bienestar y las herramientas que puedes usar para superarlos.

Debilidades de una persona

debilidades mentales

Existen algunas debilidades psicológicas o mentales que debes tener muy presente para huir de ellas o fortalecerlas. Solo así podrás encontrar el camino hacia una buena salud mental y un equilibrio adecuado.

Estas debilidades causan problemas y no ayudan en la solución. Por eso es tan importante que sean consideradas y corregidas. Y para dar ese paso, primero debes identificar las principales que te restan tanto en la vida:

  • Preocuparse: la propia palabra ya te da una idea del problema, ya que te indica que te estás «ocupando» de algo de forma «PREvia», sin que ni siquiera haya sucedido. Eso te puede generar ansiedad, estrés, sentimientos negativos, y restarte fuerza para remar en la dirección correcta. Vive en el aquí y el ahora. Te aconsejo ver la película El Guerrero Pacífico o leer el libro de Dan Millman, el personaje real en el que se basa esta película…
  • Impaciencia: uno de los principales obstáculos hacia tus metas, ya que te lleva a tomar decisiones precipitadas o hacer las cosas mal.
  • Egoísmo: no dejes que tu ego se anteponga entre tú y tus objetivos. Eso solo te llevará a perder a tus vínculos sociales que te podrían ayudar o a tener cierto remordimiento.
  • Celos y envidia: otra de las debilidades que tienen muchas personas y que necesitan una imperiosa necesidad de control sobre la vida de otras personas o sienten envidia de los logros que han conseguido otros. Eso les nubla el camino para conseguir ellos mismos sus objetivos.
  • Cobardía: el miedo y la cobardía son de las peores debilidades humanas, si no la peor. Muchas veces, para conseguir lo que se quiere, hay que salir de la zona de confort. Te aconsejo leer el fantástico libro El Caballero de la Armadura Oxidada de Robert Fisher. Es corto, pero ¡no tiene desperdício!
  • Conformismo: conformarte con lo que tienes, o pensar que no vas a obtener nada mejor y ¿para qué intentarlo? es uno de los mayores limitantes para dar el primer paso. Si no lo intentas jamás sabrás si puedes o no conseguirlo. Decía el filósofo cordobés Séneca: «No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas.«.
  • Resentimiento: el pasado tormentoso de algunas personas sigue anclado a sus espaldas como una condena. Pero solo tú te has achacado esa condena. Liberate de los males pasados. El pasado  pasado es. No dejes que te atormente toda la vida.
  • Dependencia: muchas personas se acostumbran a vivir cómodamente dependiendo de otras personas, sustancias, u objetos. Pero eso no es una solución, tan solo te mantiene en ese estado durante más tiempo.
  • Cerrarse a nuevas experiencias: eso evita que te enfoques hacia nuevos retos y se detenga tu desarrollo personal. Debes estar más abierto para vivir nuevas experiencias. Descubrirás cosas maravillosas.
  • Ira: todos pueden sentir ira en algún momento, pero una mala gestión de ésta puede ser una gran debilidad. Puede llevarte a hacer auténticas locuras de las que luego te arrepentirás. No dejes que este sentimiento tan negativo te domine.

Más información – Debilidades de una persona

Ejemplos de fortaleza

fortalezas mentales

Las fortalezas están en el otro lado de la balanza, y pueden ayudar a contrarrestar las debilidades que tenemos. Son nuestro mayor aliado y hay que identificarlas para fortalecerlas. Al igual que un músculo, se pueden entrenar para mejorarlas.

Estas fortalezas pueden ser de múltiples tipos, desde las que tienen que ver con el aspecto cognitivo (sabiduría y conocimiento), hasta las que tienen que ver con el coraje, la humanidad, justicia, etc.

Las más destacables son:

  • Creatividad: te puede permitir tomar decisiones diferentes o buscar soluciones hasta antes no imaginadas.
  • Curiosidad: tener curiosidad es otro gran valor, ya que te llevará a mejorar y aprender. Es decir, mejorar tu sabiduría y conocimiento.
  • Flexibilidad mental: te puede hacer asumir mejor los cambios, estar más abierto a nuevas experiencias, críticas, etc.
  • Valentía: una de las fortalezas más poderosas. Con valor se pueden superar muchos obstáculos aunque tus debilidades sean grandes o tus fortalezas no sean demasiadas.
  • Resilencia/persistencia: no desistir es una gran fortaleza. Tirar la toalla ante la primera piedra que encuentres en el camino hacia tu meta te hará que jamás llegues a esa meta. Si tropiezas y caes mil veces te debes levantar mil una y seguir.
  • Integridad: la honestidad, la autenticidad, ser genuino, transparente, fiel a tus ideas, tener honor, ser justo, es otra fortaleza que se está perdiendo, pero que es vital para una vida plena.
  • Amor: ¿qué sería la vida sin amor? Desarrollar la capacidad de amarse a sí mismo es imprescindible para poder amar a los demás. Fomenta el apego y cuidado recíproco.
  • Destreza social: ser amable, tener empatía, asertividad, perdonar, comprender, tener compasión, ser agradecido, ser solidario, practicar la escucha activa, ayudar a los demás, tener inteligencia emocional y habilidades sociales también es una gran fortaleza que te puede abrir muchas puertas.
  • Liderazgo: es muy importante en el ámbito empresarial, pero también fuera del entorno laboral. Para el día a día te puede ayudar a cómo tomas las decisiones y ser el primero en dar el paso hacia el cambio, pero con cierta dosis de prudencia y sentido común.
  • Humildad y modestia: ser humilde te puede ayudar en muchas situaciones, sin querer ser el centro de atención o acaparar todos los logros. Especialmente en cuanto a lo social.
  • Autocontrol: capacidad para regular tus propias emociones, conductas e impulsos puede ser otra de las fortalezas positivas. Aunque eso no significa ocultar tus pensamientos, emociones y problemas.
  • Esperanza: la esperanza es lo último que se pierde, y es una cualidad que te hará tener optimismo con respecto al futuro. Eso es un gran revulsivo para seguir adelante y no rendirse en tu lucha particular.
  • Sentido del humor: te puede librar de ciertos malos tragos, y disfrutar de la vida de otra forma. Además, puedes compartirlo con los demás para ayudarlos a ellos también a divertirse.
  • Espiritualidad: no significa necesariamente ser religioso, puedes ser espiritual buscando un significado a tu vida, un propósito. Creer que todo tiene un sentido para ayudarte a seguir adelante.

Más información – Fortalezas de una persona

Ansiedad

ansiedad

La ansiedad es uno de los males más comunes dentro de los trastornos de salud mental. La padecen más personas de las que imaginas, algunas ni siquiera son conscientes de ello. Según la OMS hay más de 260 millones de personas que la padecen, y eso es un gran porcentaje de la población mundial.

Pero ¿qué es realmente? Pues la verdad es que es un mecanismo defensivo de tu mente, una reacción de alerta ante situaciones que se consideran amenazas. Una especie de sistema de adaptación, mejora del rendimiento o capacidad de anticipación y respuesta ante algo malo.

Esto es bueno en situaciones de peligro, como cuando te van a atacar. Pero no es bueno mantener ese estado durante un largo periodo te tiempo cuando tienes un trastorno de ansiedad. De hecho, te puede deteriorar tu salud física y terminar con problemas mayores o llevarte a depresión, miedos y fobias que te limitarán severamente.

El origen de esta ansiedad puede venir por un peligro real, por el bloqueo de algún proyecto de vida o deseo que fuera importante para ti, o por otros problemas (económicos, familiares, laborales, etc).

Algunas personas tienen mayor predisposición a padecerla. Por ejemplo, por algunos factores genéticos o biológicos, alteraciones de la personalidad, estrés, contextos sociales desfavorables, etc. Eso unido a unos factores desencadenantes o activadores pueden hacer que se desencadenen episodios de ansiedad.

Una vez el trastorno de ansiedad se presenta, también existen otros factores que pueden mantenerlo en el tiempo si no se pone un remedio. Por ejemplo, el miedo al miedo, pérdida de algunas habilidades causada por la propia ansiedad, baja autoestima o voluntad de superación, fobias, etc.

Los síntomas o signos de la ansiedad más comunes que te pueden alertar de que algo no va bien en tu salud mental son:

  • Nerviosismo o tensión constante o frecuente.
  • Sensación de pánico.
  • Ritmo cardíaco alterado o taquicardias.
  • Sobresaltos o especial sensibilidad a los ruidos.
  • Respiración acelerada y no diafragmática.
  • Sudoración.
  • Temblores.
  • Debilidad y cansancio.
  • Problemas de concentración o preocupaciones.
  • Alteraciones en el sueño.
  • Problemas gastrointestinales.
  • Necesidad de evitar las situaciones que generan ansiedad.

En ocasiones puede que se presenten uno de estos síntomas o un conjunto de ellos. Además, no vendrán solos, ya que la ansiedad puede generar fobias:

  • Agorafobia: trastorno de ansiedad que te lleva a temer lugares o situaciones que te pueden hacer sentir atrapado, indefenso, avergonzado, etc.
  • Ambulofobia: es un miedo irracional a caminar, o mejor dicho a caerse.
  • Claustrofobia: se tiene pánico a los lugares cerrados o estrechos.
  • Acrofobia: miedo a las alturas.
  • Otras fobias específicas.

Además de esas fobias, también pueden darse otros casos debidos a la ansiedad, como otros episodios de pánico y miedos repetidos, mutismo selectivo, ansiedad social,etc.

Gestionar las emociones

emociones

La gestión de las emociones también es otro de las grandes herramientas que tienes para combatir algunos trastornos mentales, especialmente la ansiedad, ya que puede surgir cuando las emociones se descontrolan. Aunque Nietzsche dijo que los pensamientos vienen cuando ellos quieren y no cuando nosotros queremos, hay que diferenciar entre pensamientos, emociones, y demás.

  • Sensación: es una impresión producida por algo o alguien que se capta a través de los sentidos.
  • Pensamiento: es un fenómeno racional que expresa la capacidad mental para dar sentido, ordenar o interpretar la información percibida o de la que se dispone.
  • Emoción: son el resultado de la evaluación de una situación por parte de nuestra mente. Las hay positivas y negativas. Por ejemplo, puede ser la ira, la alegría, sorpresa, asco,…
  • Sentimiento: a veces se confunde con la emoción, pero es un estado de ánimo producido por varias causas. Es el resultado de una emoción.

Técnicas de control de las emociones

A parte de las diferencias, es posible tener algún tipo de control sobre esas emociones con técnicas como:

  • Busca el origen que origina esa emoción para saber cómo atajarla mejor. Por ejemplo, si sientes envidia puede ser porque alguien tiene algo que tu no tienes, etc. Pregunta el ¿por qué?
  • Intenta recordarte tus fortalezas y éxitos logrados. Eso te reconfortará y mejorará tu autoestima, a la par que evita que el sentimiento o emoción negativa siga asaltándote en ese momento.
  • Busca distracción o entretenimiento que te aleje de ese estado que no te gusta. Eso evita que la negatividad coja demasiada fuerza y se apodere de ti.
  • Usa técnicas de imaginación y meditación para intentar proyectarte en el futuro. Cómo quieres verte y ser. Se ha comprobado que meditar puede ayudar a reducir la ansiedad casi en un 39% en solo 20 min.
  • Piensa en lo peor que te puede pasar si eso que tanto temes ocurre. Eso no significa dramatizar o caer en un estado negativo peor, pero sí relativizar tus problemas.
  • Escribe un diario de tus emociones. Apunta lo que te pasa, eso te ayudará a catalizarlas y que se reduzcan.
  • Toma tiempo para tí. El estrés no es un buen aliado de la ansiedad. Descansa, haz lo que te apetece, dedica tiempo a lo que te gusta.
  • Busca un espejo y mira tu reflejo. Parece estúpido, pero algunos estudios aseguran que mirarte a un espejo hace que te veas des de otra perspectiva y puede ayudar a calmar tu ansiedad. Es decir, te permite verte «separado» de tus emociones por un instante.