La Depresión Sí Se Cura

Antes de que leas los argumentos que han llevado a la conclusión rotunda de poder afirmar que la depresión sí se cura, te invito a que veas esta alegoría titulada «Yo tenía un perro negro llamado Depresión».

En este vídeo asemejan la depresión con un perro negro que nos acompaña a todas partes. Esto ha ofendido a muchos amantes de los animales. Por favor, no olvidemos que se trata de una metáfora:

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Algunas personas parecen estar especialmente predispuestas a los estados depresivos, pero en otras ocasiones es un entorno poco saludable el que consigue modificar nuestro estado de ánimo hasta hacernos enfermar. Ya se trate de uno u otro caso, cada vez hay más soluciones para lograr vivir sin depresión.

Causas de la depresión.

1) La genética y el cerebro.

La habilidad, o la falta de ella, que tenga una persona para superar un trauma puede estar «escrita» en sus genes. Algunas investigaciones han demostrado que hay quien sí tiene esa capacidad (porque sus genes están preparados para ello y dan las órdenes para que el cerebro fabrique serotonina) y quienes tienen mucho más difícil conseguirlo y, por ello, finalmente se deprimen.

* El cerebro se inflama. Así lo ha demostrado un estudio de la Universidad de California. Los científicos vieron que, tras pasar varios momentos dolorosos en la vida, como la muerte de una persona allegada o la pérdida de trabajo, el cerebro se inflama, las neuronas cambian de forma y se conectan de manera diferente a la normal. Ese proceso, que pudiera ser una manera de enfrentarse al dolor, favorecería la depresión si se prolongara demasiado tiempo.

2) Puede estar fallando tu alimentación.

* Comer mal (sobre todo si se une al hecho de tener un mal descanso nocturno) puede incrementar de manera alarmante el riesgo de padecer una depresión. En la dieta diaria debe haber una presencia importante de alimentos que favorezcan la fabricación de serotonina, como huevos, lácteos, cereales integrales, legumbres, carnes y frutos secos. Y es fundamental hacer las 5 comidas de rigor al día y consumir todos los grupos de nutrientes, sin que falten ni proteínas ni hidratos.

* Abusar de los alimentos procesados que además incorporan aditivos como colorantes, conservantes y saborizantes) también puede predisponer a esos estados de tristeza. Es lógico si tenemos en cuenta que quizá no nos aportan la cantidad de vitaminas y minerales que sí nos regalan los productos frescos y que, al tomar más alimentos envasados, están menos presentes. Y esos micronutrientes son imprescindibles para que la bioquímica del cerebro sea la correcta y se puede mantener el equilibrio.

Los «otros riesgos» de la tristeza.

La depresión no solo aísla a la persona que la padece y le provoca un sufrimiento continuo sino que también tiene consecuencias físicas. Hay investigaciones que apuntan la relación directa entre la depresión y la diabetes, pero también obesidad e incluso deficiencia cardíaca y daño para el corazón. Por todo ello, vale la pena marcar una estrategia e intentar vencer para siempre esos estados de melancolía extrema.

Además de los tratamientos convencionales, basados en el uso de los antidepresivos (y que siempre hay que tomar, o dejar, bajo supervisión médica) y de la psicoterapia, desde hace tiempo se estudian alternativas.

Una de ellas utiliza el sistema inmunitario porque se ha comprobado que muchas personan con depresión tienen las defensas alteradas. Pero también se intenta mejorar el efecto de los antidepresivos «de toda la vida», puesto que no solo tardan en ser efectivos sino que a veces no se da con el tratamiento adecuado hasta varios meses después.

¿Depresión mayor o menor?

No todo el mundo tiene el mismo tipo de depresión:

1) Se dice que es mayor cuando aparecen muchos síntomas que duran 2 semanas seguidas (o 6 meses sin tratamiento).

2) Se califica de «menor», distimia o neurosis depresiva cuando los síntomas no son tan claros ni tantos al mismo tiempo.

La fuerza de la luz.

Últimamente se ha comprobado en un estudio realizado en Amsterdam que cuando las personas con depresión se someten a una luz brillante, mejoran. Funciona sobre todo en aquellos casos en que se padece el llamado trastorno afectivo estacional y que es un tipo de depresión relacionada con los meses sin mucha luz solar.

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